Domingo 12 de abril
… [Dios] es misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en misericordia (v. 13 rvc).
| La escritura de hoy: Joel 2:12-18 | John Blase escribe: |
La expresión «televisión lenta» describe la cobertura maratónica de un evento en tiempo real. El género se hizo popular en 2009 cuando la Corporación de Radiodifusión Noruega transmitió un viaje en tren de siete horas. Sí, siete horas, en un tren. Suena... aburrido. Pero ha ganado una audiencia que encuentra cautivador el recorrido escénico.
La idea es mostrar algo al ritmo en que se experimenta, en lugar de la velocidad con que se cuenta. No se basa en el argumento y la tensión, sino en la transición y el movimiento. Es un paso hacia saborear los minutos de la vida en lugar de contarlos.
El poeta Francis Thompson escribió sobre el «ritmo imperturbable» de Dios: Él se mueve de manera metódica y paciente, con pasos medidos e intencionales. Vemos esta lentitud incluso en sus emociones. El llamado al arrepentimiento del profeta Joel al pueblo de Judá se basa en que nuestro Dios es «lento para la ira» (Joel 2:13 rvc). A diferencia de nuestras narrativas dramáticas, a menudo impulsadas por el temperamento y el ego descontrolado, Dios actúa diferente. Su ira llega lentamente. Le dice a un pueblo rebelado contra Él: «Desgárrense el corazón, no los vestidos, y vuélvanse al Señor su Dios» (v. 13 rvc).
La ira de Dios no es como la nuestra; nos permite volver a Él con todo nuestro corazón.
Reflexiona y ora
¿Cuándo y cómo te ha parecido que Dios se mueve lentamente en tu vida? ¿Por qué es lento para la ira y grande en misericordia?
Dios, gracias por ser lento para la ira.
Lunes 13 de abril
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe… (v. 8).
| La escritura de hoy: Efesios 2:1-9 | Dave Branon escribe: |
Cuando Mark fue detenido por un oficial por conducir alcoholizado, temió que su carrera en el fútbol universitario hubiera terminado. Estaba seguro de que iría a la cárcel. Pero el policía, en cambio, lo llevó hasta su universidad. Cuando Mark le preguntó por qué, él respondió: «Te estoy dando gracia».
Aun así, el joven estaba convencido de que su entrenador se enteraría, y que perdería la beca. Al día siguiente, el entrenador le pidió verlo después de la práctica, y sorprendentemente, le dijo: «Sé lo que pasó anoche, pero te estoy dando gracia». Luego, le sugirió asistir a la iglesia el domingo.
Mark fue. ¿Y adivina de qué habló el pastor? De la gracia de Jesús al ofrecernos salvación cuando no la merecemos. Mark entendió el mensaje. Ese día, confió en Jesús como su Salvador, y dedicó el resto de su vida a servirle.
Es por la gracia de Dios que los creyentes en Jesús son «salvos» (Efesios 2:8). La gracia hace lo que las buenas obras no pueden hacer (v. 9; Romanos 11:6). Es un regalo provisto por el sacrificio de Jesús en la cruz.
La carga de nuestro pecado no tiene por qué aplastarnos. Como descubrió Mark, la gracia de Dios nos libra y nos da vida «en abundancia» (Juan 10:10). Al aceptar a Jesús como Salvador, el poder de la gracia nos hace libres (Efesios 2:4-5).
Reflexiona y ora
¿Cómo has experimentado la gracia de Dios en tu vida? ¿De qué maneras puedes mostrarla a otros?
Dios, gracias por derramar tu gracia sobre mí.
Martes 14 de abril
… pondré mi morada en medio de vosotros… (v. 11).
| La escritura de hoy: Levítico 26:3-12 | Karen Pimpo escribe: |
Alan es un agricultor de quinta generación que administra la granja familiar de cerezas, duraznos y manzanas. A lo largo de los años, han perfeccionado el cultivo para obtener el máximo rendimiento, pero aun así, nunca tienen asegurada una buena cosecha. Factores como el clima, los polinizadores y las enfermedades están fuera de su control.
Sin embargo, toda la naturaleza está bajo el control de Dios. Él sabe que necesitamos provisión física como cultivos saludables, pero nos anima a mirar aún más alto hacia el bien supremo: Él mismo. El libro de Levítico contiene decretos que Dios dio a los israelitas respecto a todo, desde sacrificios y adoración hasta relaciones y justicia penal. Obedecerle traería bendición, incluida la provisión de una cosecha abundante (Levítico 26:3-4), pero la desobediencia ocasionaría maldición, y sus enemigos disfrutarían del fruto de su trabajo (v. 16). Más allá de los cultivos abundantes (v. 10), la bendición de Dios incluía la promesa de habitar con su pueblo (v. 11) y mostrarle su favor (v. 9 rvc).
Los israelitas fallaron una y otra vez, y nosotros también lo hacemos. Pero podemos arrepentirnos y volver a Él para disfrutar el regalo de su presencia (vv. 40-42), manifestada en Jesús y expresada ahora a través del Espíritu Santo.
Reflexiona y ora
¿Cómo estás buscando provisión y paz por tu propia cuenta? ¿Qué se siente andar en la presencia de Dios y en sus caminos?
Dios, que pueda seguir tu plan para mi vida.
Miércoles 15 de abril
… nuestra ciudadanía está en los cielos… (v. 20).
| La escritura de hoy: Filipenses 3:4-11 | Mike Wittmer escribe: |
Anna y su esposo vivían en Argentina con sus dos hijos. Eran reservados y hablaban español con fluidez. Pero no eran argentinos, sino agentes encubiertos; espías nacidos en otro país. Se habían perfeccionado para integrarse a la cultura anfitriona —hasta en cómo sostener el tenedor—, pero un cambio en su registro civil despertó sospechas y fueron descubiertos. Mientras los deportaban a su país de origen, Anna miró a su hija de once años. ¿Cómo le explicaría que no eran quienes ella creía?
Los creyentes en Jesús tienen una ciudadanía más vital. Somos agentes de un Rey superior, porque «nuestra ciudadanía está en los cielos» (Filipenses 3:20). Los ciudadanos de Filipos estaban orgullosos de su ciudadanía romana y eran leales a Roma. Pablo dijo que su lealtad iba aún más lejos: su máxima lealtad era a Jesús, quien gobernaba Roma y Filipos desde el cielo.
A diferencia de Anna y su esposo, no trabajamos en secreto contra nuestro «país anfitrión», sino abiertamente por su bienestar. Nuestra lealtad a Jesús nos impulsa a servir a nuestros vecinos y a orar «por todos los que ocupan altos puestos, para que vivamos […] en toda piedad» (1 Timoteo 2:2 rvc). Con la ayuda de Dios, buscaremos «la paz de [nuestra] ciudad» y rogaremos por ella, «porque en su paz [tendremos] paz» (Jeremías 29:7).
Reflexiona y ora
¿Cómo podría tu lealtad a Dios servir a tus vecinos? ¿Cómo podrías mostrar hoy esa ayuda?
Padre, ayúdame a alentar a mis vecinos.
Jueves 16 de abril
El que anda en chismes descubre el secreto; mas el de espíritu fiel lo guarda todo (v. 13).
| La escritura de hoy: Proverbios 11:11-13 | Lisa M. Samra escribe: |
Mientras contaba cuánto valoraba a un consejero mayor que escuchaba regularmente sus inquietudes, Tomás dijo: «Él es mi sauce hueco». Ante mi desconcierto, explicó que esa expresión eslovaca alude a alguien que guarda los secretos. En esencia, la persona es como un sauce que guarda a salvo la información confidencial dentro de su tronco.
Es un tesoro tener a alguien a quien confiarle nuestros temores y anhelos más profundos. Quizá hablando desde su propia experiencia, en Proverbios, el rey Salomón elogió a quien muestra discreción o «calla» (11:12). También contrastó a dos personas: «El que anda en chismes descubre el secreto; mas el de espíritu fiel lo guarda todo» (v. 13). Esta comparación ayuda a manejar con cuidado las conversaciones privadas, aunque no debemos permanecer callados si nos preocupa la seguridad de alguien.
En nuestro mundo digital, donde podemos difundir información rápidamente, puede ser tentador (y fácil) compartir detalles jugosos que generen reacciones. Pero el chisme no solo hiere a quien confió lo suficiente como para compartir, sino que también perjudica significativamente las relaciones cuando se rompe la confidencialidad. Todos podemos aspirar a ser «sauces huecos», personas íntegras en quienes se puede confiar que guarden un secreto.
Reflexiona y ora
¿A quién conoces que personifique un «sauce hueco»? ¿Cómo podrías guardar bien en secreto lo que otros dicen?
Dios, que maneje responsablemente lo que me cuentan.
Viernes 17 de abril
He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe (v. 7).
| La escritura de hoy: 2 Timoteo 4:6-8 |
Mark, un maratonista y pastor dedicado que sirvió en dos iglesias durante treinta y cinco años, se jubiló hace poco. Uno de los regalos que recibió fue un par de zapatillas nuevas para correr. A lo largo de su vida, ha corrido la carrera de 42 kilómetros en varias ciudades del país. En la fiesta de despedida, personas de la comunidad y de las iglesias en las que sirvió también expresaron su agradecimiento por la fidelidad de Mark. Gracias al poder y la gracia de Dios, terminó bien.
La vida se parece más a una maratón que a una carrera corta. A veces, sentimos fatiga y ganas de rendirnos. Sin embargo, la gracia y la fuerza de Dios son inagotables para quienes confían en Él. Cuando el apóstol Pablo, encarcelado, se acercaba a la línea final de su vida (2 Timoteo 4:6), animó a su discípulo Timoteo, diciendo: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (v. 7). Los caminos de la vida nos llevan a distintos lugares. Pero sin importar en qué punto del recorrido estemos, siempre es bueno recordar que la perseverancia llena de fe es esencial y gratificante (v. 8); que Dios es la fuente de nuestra fuerza (v. 17); y que, por su gracia, Él nos «preservará para su reino celestial» (v. 18).
Reflexiona y ora
¿Cuándo experimentaste la fortaleza de Dios aun cuando querías rendirte? ¿Cómo puede inspirarte la perseverancia de otros potenciada por el Espíritu?
Padre, que recuerde que los que confían en ti «tendrán nuevas fuerzas» (Isaías 40:31).
Sábado 18 de abril
… recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos […] hasta lo último de la tierra (v. 8).
| La escritura de hoy: Hechos 1:6-11 | Bill Crowder escribe: |
Kiribati, un país insular en el Océano Pacífico, es la única nación que se extiende en los cuatro hemisferios de la tierra. Sus treinta y tres islas cruzan el ecuador y el meridiano 180. También es una de las naciones más remotas.
Servimos a un Dios que se interesa por esos lugares remotos. Mientras Jesús preparaba a sus discípulos antes de regresar al cielo, les dijo: «recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1:8). «Hasta lo último de la tierra» es un llamado a llevar el mensaje del evangelio a los lugares más aislados del mundo. Pero no se limita a lugares remotos. También incluía Jerusalén y las regiones cercanas de Judea y Samaria.
Después de esas palabras de despedida, «viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos» (v. 9). Entonces, aparecieron dos ángeles y dijeron: «Este mismo Jesús, […] así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (v. 11).
El evangelio de Jesucristo es la noticia más importante que alguien pueda escuchar. Nuestro desafío, como sus embajadores, es compartirla. Con la ayuda del Espíritu Santo, asegurémonos de que todos —cerca y lejos— tengan la oportunidad de escucharla.
Reflexiona y ora
¿Qué significa ser testigo de Jesús «hasta lo último de la tierra»? ¿Cómo su mandato te inspira a compartirles a otros sobre su amor?
Padre, que me interese de corazón por los que no te conocen.
Domingo 19 de abril
… [La persona] que cometiere alguno de todos los pecados con que los hombres delinquen, […] confesará el pecado que cometió, y compensará enteramente el daño… (vv. 6-7).
| La escritura de hoy: Números 5:5-10 | Marvin Williams escribe: |
Un juez usó un enfoque singular como sentencia por el hurto en tiendas: los infractores debían lavar autos en el estacionamiento de una tienda, como parte de su servicio comunitario. Esperaba que eso disuadiera futuros robos y sirviera como un recordatorio vívido de las consecuencias de hacer lo incorrecto. Enfatizó que las acciones tienen consecuencias y que la responsabilidad es importante.
Su sentencia refleja la instrucción en Números 5:6-7: «[La persona] que cometiere alguno de todos los pecados con que los hombres delinquen, […] confesará el pecado […] y compensará enteramente el daño». Aquí vemos la importancia que Dios da a reconocer el error, confesar el pecado y buscar la restauración. Cada ofensa revelaba deslealtad al Señor (v. 6).
Así como lavar autos en público sirve como una consecuencia humillante que fomenta la reflexión y la responsabilidad, Dios llamó a Israel a reconocer sus pecados con sinceridad, confesándolos y buscando perdón. La verdadera libertad llegaba cuando afrontaban sus acciones, hacían restitución y abrazaban su gracia.
Dediquemos hoy un momento para reflexionar sinceramente sobre nuestras vidas. Al buscar reconciliación y restitución cuando sea necesario (ver Mateo 5:23-24; Lucas 19:8-10), Dios, en su misericordia y perdón, nos restaurará.
Reflexiona y ora
¿Cómo puedes buscar reconciliarte con alguien a quien has dañado? ¿Por qué es importante la restitución?
Dios, ayúdame a compensar a quienes dañé.